domingo, 8 de dezembro de 2013

Se pedirá mucho al que ha recibido mucho

10. Porque aquel siervo que supo la voluntad de su Señor y no se apercibió, y no hizo conforme a su voluntad, será muy bien azotado. - Mas el que no supo e hizo cosas dignas de castigo, poco será azotado. Porque a todo aquél a quien mucho fué dado, mucho le será demandado; y al que mucho encomendaron, más le pedirán. (San Lucas, cap. XII, v. 47 y 48).

11. Y Jesús dijo: Yo vine a este mundo para juicio: para que vean los que no ven, y los que ven sean hechos ciegos. - Y lo oyeron algunos de los fariseos, que estaban con El. Y le dijeron: ¿pues qué, nosotros somos también ciegos? - Jesús les dijo: Si fuéseis ciegos no tendríais pecado: mas ahora porque decís vemos, por eso permanece vuestro pecado. (San Juan, capítulo IX, v. 39, 40 y 41.)

12. Estas máximas, sobre todo, encuentran su explicación en la enseñanza de los espíritus. Cualquiera que conozca los preceptos de Cristo, seguramente es culpable si no los practica; pero como que el Evangelio que los contiene no está esparcido sino en las sectas cristianas, entre éstas, ¡cuántas personas hay que no le comprenden! Resulta de esto que las mismas palabras de Jesús son perdidas para el mayor número.

La enseñanza de los espiritus que reproduce estas maximas bajo diferentes formas, que las desarrolla y comenta para ponerlas al alcance de todos, tiene de particular que no está circunscripta, y que todos los letrados e iletrados, creyentes e incrédulos, cristianos o no, puedan recibirla, puesto que los Espíritus se comunican por todas partes; ninguno de los que la reciben directa o indirectamente pueden pretextar ignorancia; no pueden excusarse ni con su falta de instrucción ni con la obscuridad de su sentido alegórico. Aquel, pues, que no saca provecho de ella para su mejoramiento, que la admira como cosa interesante y curiosa, sin que su corazón se conmueva, que no es ni menos vano ni menos orgulloso, ni menos egoísta ni menos apasionado por los bienes materiales, ni mejor para su prójimo, es tanto más culpable cuantos más medios tiene de conocer la verdad.

Los  médiums que obtienen comunicaciones buenas son aún más reprensibles si persisten en el mal; por-que muchas veces escriben su propia condenación y porque, si no les cegara el orgullo, reconocerían que los espíritus se dirigen a ellos mismos. Pero en lugar de tomar para ellos las lecciones que escriben, o que ven escribir, su sólo pensamiento es aplicarlas a los otros, realizando de este modo estas palabras de Jesús: "Veis una paja en el ojo de vuestro vecino y no veis una viga en el vuestro". 

Por estas otras palabras: "Si fuéseis ciegos no tendríais pecado", Jesús entiende que la culpabilidad está en razón de las luces que uno posee; así, pues, los fariseos que tenían la pretensión de ser y que en efecto eran la parte más ilustrada de la nación, eran, por lo mismo, más reprensibles a los ojos de Dios que el pueblo ignorante. Lo mismo sucede hoy.

A los espiritistas, pues, se les pedirá mucho, porque han recibido mucho; pero también se dará mucho a los que se habrán aprovechado. 

El primer pensamiento de todo espiritista sincero debe ser el de buscar en los consejos dados por los espíritus, si hay alguna cosa que le concierne.

El Espiritismo viene a aumentar el número de los "llamados"; por la fe que da, también multiplicará el número de los "escogidos".

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XVIII - Muchos son los llamados y pocos los escogidos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

sábado, 7 de dezembro de 2013

Los que dicen: ¡Señor! ¡Señor!

6. No todo el que me dice: ¡Señor! ¡Señor! entrará en el reino de los cielos; si no el que hace la voluntad de mi padre, que está en los cielos, ese entrará en el reino de los cielos. -Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor! ¡Señor! ¿pues no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? - Y entonces yo les dire claramente: Nunca os conocí: Apartáos de mí los que obráis la iniquidad. (San Mateo, cap. VII, v. 21, 22 y 23).

7. Pues todo aquel que oye estas mis palabras y las cumple, comparado será a un barón sabio, que edificó su casa sobre la peña. Que descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron impetuosamente en aquella casa, y no cayó: Porque estaba cimentada sobre peña. - Y todo el que oye es tas mis palabras y no las cumple, semejante será a un hombre loco, que edificó su casa sobre arena. - Que descendió lluvía, vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron impetuosamente sobre aquella casa, y cayó y fué su ruina grande. (San Mateo, cap. VII, v. de 24 a 27. San Lucas, cap. VI, v. de 46 a 49).

8. Por lo cual, quien quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y enseñare así a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos. Mas quien hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos. (San Mateo, cap. V, v. 19).

9. Todos los que confiesan la misión de Jesús, dicen: ¡Señor! ¡Señor! ¿Pero de qué sirve llamarle Maestro o Señor, si no se siguen sus preceptos? ¿Son acaso, cristianos los que le honran por actos exteriores de devoción, y veneran al propio tiempo al orgullo, al egoísmo, a la ambición y a todas sus pasiones? ¿Son, acaso, sus discípulos aquellos que pasan días rogando, y, sin embargo, no son ni mejores, ni más caritativos, ni más indulgentes para sus semejantes? No, porque, como los fariseos, tienen la oración en los labios y no en el corazón. Con la forma pueden imponer a los hombres, pero no a Dios. En vano dirán a Jesús: "Señor, hemos profetizado, es decir, enseñado en vuestro nombre, - hemos comido y bebido con vos"; él responderá: "No sé quiénes sois; apartaos de mí los que obráis la iniquidad, vosotros que desmentís vuestras palabras con vuestras acciones, que calumniáis a vuestro prójimo, que despojáis a las viudas y cometéis adulterio; apartaos de mí, vosotros cuyo corazón destila la ira y la hiel, vosotros que derramáis la sangre de vuestros hermanos en mi nombre, que hacéis correr las lágrimas en vez de enjugarlas. Para vosotros habrá lágrimas y crujir de dientes, porque el reino de Dios es para aquellos que son dulces, humildes y caritativos. No esperéis doblar la justicia del Señor con la multiplicidad de vuestras palabras y de vuestras genuflexiones; el sólo camino que tenéis abierto para encontrar gracia ante El es la práctica sincera de la ley de amor y de caridad".

Las palabras de Jesús son eternas, porque son la verdad. No sólo son la salvaguardia de la vida celeste, si que también la prenda de la paz, de la tranquilidad y de la estabilidad en las cosas de la vida terrestre; por esto todas las instituciones humanas, políticas, sociales, religiosas, que se apoyen en esas palabras, serán estables como la casa que se construye sobre la peña; los hombres las conservarán porque encontrarán en ellas su felicidad; pero aquellas que fueren su violación, serán como la casa construída en la arena; el viento de las revoluciones y el torrente del progreso las arrastrarán.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XVIII - Muchos son los llamados y pocos los escogidos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

sexta-feira, 6 de dezembro de 2013

La puerta estrecha

3. Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos los que entran por él. - ¡Qué angosta es la puerta, y qué estrecho el camino que lleva a la vida: y pocos son los que atinan con él. (San Mateo, cap. VII, v. 13 y 14).

4. Y le dijo un hombre: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él le dijo: Porfiad a entrar por la puerta angosta: porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Y cuando el padre de familia hubiera entrado, y cerrado la puerta, vosotros estaréis fuera y comenzaréis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, ábrenos: y él os responderá diciendo: no sé de donde sois vosotros. - Entonces comenzaréis a decir: Delante de tí comimos y bebimos, y en nuestras plazas enseñaste. - Y os dirá: No sé de donde sois vosotros: apartáos de mí todos los obradores de la iniquidad.

Allí será d llorar, y el crugir de dientes: y cuando veréis a Abraham y a Isaac y a Jacob, a todos los profetas en el reino de Dios, y que vosotros sois arrojados fuera. - Y vendrá de Oriente y de Occidente, y de Aquilón y Austro y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. -- Y he aquí que son postreros los que serán primeros, y que son primeros los que serán postreros. (San Lucas, cap. XIII, v. de 23 a 30).

5. La puerta de la perdición es ancha, porque las malas pasiones son numerosas y el camino del mal es frecuentado por el mayor número. La de la salvación es estrecha, porque el hombre que quiere penetrar por ella debe hacer grandes esfuerzos sobre sí mismo para vencer sus malas tendencias, y pocos se resignan a ello; éste es el complemento de la máxima: Muchos son los llamados y pocos los escogidos. 

Tal es el estado actual de la humanidad terrestre, porque siendo la tierra un mundo de expiación, el mal domina; cuando sea transformada, el camino del bien será más frecuentado. Estas palabras, deben, pues, entenderse en sentido relativo y no en sentido absoluto. Si tal debiese ser el estado normal de la humanidad, Dios hubiera condenado voluntariamente a la perdición la inmensa mayoría de sus criaturas; suposición inadmisible desde el momento que se reconoce que Dios es la justicia y la bondad por excelencia.

Pero, ¿de qué maldades se hubiera hecho culpable esta humanidad para merecer una suerte tan triste en su presente y en su porvenir, si toda estuviese relegada en la tierra y si el alma no hubiera tenido otras existencias? ¿Por qué tantos inconvenientes sembrados en su camino? ¿Por qué esta puerta tan estrecha en la que sólo puede penetrar el más pequeño número, si la suerte del alma está fijada para siempre después de la muerte? Así es que con la unidad de existencia, se está incesantemente en contradicción consigo mismo y con la justicia de Dios. Con la anterioridad del alma y la pluralidad de mundos, el horizonte se ensancha; se esclarecen los puntos más obscuros de la fe; el presente y el porvenir son solidarios del pasado, y sólo entonces es cuando puede comprenderse todo el fondo, toda la verdad y toda la sabiduría de las máximas de Cristo.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XVIII - Muchos son los llamados y pocos los escogidos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

quarta-feira, 4 de dezembro de 2013

Parábola del festin de las bodas

1. Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar otra vez en parábolas, diciendo: semejante es el reino de los cielos a cierto rey, que hizo bodas a su hijo. -Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron ir. -Envió de nuevo otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí preparado mi banquete; mis toros y los animales cebados están ya muertos, todo está pronto: venid a las bodas. - Mas ellos le despreciaron, y se fueron unos a su granja, y otros a su tráfíco. - Y los otros echaron mano de los siervos, y después de haberlos ultrajado, los mataron. - Y el rey cuando los oyó, se irritó; y enviando a sus ejércitos acabó con aquellos homicidas y puso fuego a su ciudad.

Entonces dijo a sus siervos: Las bodas ciertamente están aparejadas, mas los que habían sido convidados no fueron dignos. - Pues id a la salida de los caminos y a cuantos halláreis, llamadlos a las bodas; y habiendo salido sus siervos a los caminos, congregaron a cuantos hallaron, malos y buenos; y se llenaron las bodas de convidados.

Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa, y vió allí an hombre que no estaba vestido con vestidura de boda. - Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí no teniendo vestidura de boda. Mas él enmudeció. - Entonces el rey dijo a sus ministros: Atado de pies y manos arrojarle en las tinieblas exteriores: allí será el llorar y el crugir de dientes. - Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos. (San Mateo, cap. XXII, v. de 1 a 14).

2. El incrédulo se burla de esta parábola que le parece de una sencillez pueril, porque no comprende que se pusiesen tantas dificultades para asistir a un festín, y aun menos que los convidados llevasen la resistencia hasta el extremo de matar atrozmente a los enviados del Señor de la casa. "Las parábolas, dice, son sin duda figuras, pero es preciso que no traspasen los límites de lo verosímil".

Lo mismo puede decirse de todas las alegorías y de las fábulas más ingeniosas, si no se las despoja de su envoltura para buscar en ellas el sentido oculto. Jesús sacaba las suyas de los usos más vulgares de la vida, y las adaptaba a las costumbres y al carácter del pueblo al cual hablaba; la mayor parte tienen por objeto hacer penetrar en las masas la idea de la vida espiritual; muchas veces el sentido sólo parece ininteligible porque no se aparta de este punto de vista.

En esta parábola, Jesús compara el reino de los cielos en donde todo es alegría y felicidad, a un festín. Por los primeros convidados hace alusión a los Hebreos que Dios había llainado los primeros al conocimiento de su ley. Los enviados del maestro, son los profetas que venían a exhortarles para que siguieran el camino de una verdadera felicidad; pero sus palabras eran poco escuchadas, sus, advertencias eran despreciadas y aun muchos fueron muertos alevosamente como los servidores de la parábola. Los convidados que se excusan diciendo que tienen que cuidar sus campos y sus negocios, son el emblema de las gentes de mundo, que absortos por las cosas terrestres, son indiferentes para las celestes.

Era una creencia entre los judíos de entonces, que su nación debía adquirir la supremacía sobre todas las otras. En efecto, Dios, ¿no había prometido a Abraham que su posteridad cubriría toda la tierra? Pero siempre tomando la forma por el fondo, creían en una dominación efectiva y material. Antes de la venida de Cristo, a excepción de los hebreos, todos los pueblos eran idólatras y politeístas. si; algunos hombres superiores al vulgo concibieron la idea de la unidad divina, esta idea quedó en el estado de sistema personal pero en ninguna parte fué aceptada como verdad fundamental, sino por los pueblos iniciados que ocultaban sus conocimientos bajo un velo misterioso e impenetrable para las masas. Los hebreos fueron los primeros que practicaron públicamente el monoteísmo, y a ellos transmitió Dios su ley, primero por Moisés, y después por Jesús; de este pequeño foco salió la luz que debía esparcirse por todo el mundo, triunfar del paganismo y dar a Abraham una posteridad  espiritual"tan numerosa como las estrellas del firmamento". Pero los judíos, rechazando la idolatría, habían rechazado la ley moral, para dedicarse a la práctíca más fácil de las formas exteriores. El mal llegó a su colmo; la nación esclavizada estaba destrozada por las fracciones y dividida por las sectas; la misma incredulidad había penetrado hasta el santuario. Entonces apareció Jesús, enviado para llamarlos a la observancia de la ley y abrirles los tiuevos horizontes de la vida futura; convidados los  primeros  al gran banquete de la fe universal, rechazaron la palabra del celeste Mesías, y le hicieron perecer; así perdieron el fruto que hubieran podido recoger de su primera iniciativa.

Sería injusto, sin embargo, acusar al pueblo entero de este estado de cosas; la responsabilidad incumbe principalmente a los fariseos y a los saduceos, que perdieron la nación por el orgullo y fanatismo de unos y por la incredulidad de los otros. A éstos sobre todo, compara Jesús con los convidados que rehusaron la comida de las bodas. Después añade: "El Señor, viendo esto, hizo convidar a todos áquellos que se encontraron en las encrucijadas de las calles, buenos y malos".

Entendía decir con esto que la palabra iba a ser predicada a todos los otrospueblos, paganos e idólatras, y que aceptándola éstos, serían admitidos  al festín en el puesto de los primeros convidados.

Pero no basta ser convidado; no hasta llevar el nombre de cristiano ni sentarse a la mesa para tomar parte en el celeste banquete: es menester, ante todo y con expresa condición, estar revestido con la ropa nupcial, es decir, tener la pureza de corazón y practicar la ley según el espíritu; y esta ley está completa en estas palabras: "Sin caridad no hay salvación". Pero entre todos aquellos que oyen la palabra divina, ¡cuán pocos hay que la guarden y se aprovechen de ella! ¡Cuán pocos se hacen dignos de entrar en el reino de los cielos! Por esto dijo Jesús: "Serán muchos los llamados, y pocos los escogidos".

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XVIII - Muchos son los llamados y pocos los escogidos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

terça-feira, 3 de dezembro de 2013

Cuidad el cuerpo y el espíritu

11. La perfección moral, ¿consiste en la maceración del cuerpo? Para resolver esta cuestión me apoyo en los principios elementales, y empiezo por demostrar la necesidad de cuidar el cuerpo, que, según las alternativas de salud y de enfermedad, influye de una manera muy importante en el alma, que es preciso considerar como una cautiva de la carne. Para que esta prisionera viva, se recree y conciba aún las ilusiones de la libertad, el cuerpo debe estar sano, dispuesto, animoso. Sigamos la comparación. Los dos están en perfecto estado, ¿qué deben hacer para mantener el equilibrio entre sus aptitudes y sus necesidades tan diferentes?

Tenemos dos sistemas a la vista: el de los ascetas, que quieren echar por el suelo el cuerpo y el de los materialistas, que quieren rebajar el alma; dos violencias, que casi tan insensata es la una como la otra. Al lado de esos grandes partidos hormiguea la numerosa tribu de los indiferentes, que sin convicción y sin pasión, amancon tibieza y gozan con cconomía. ¿En dónde está, pues, la prudencia? ¿En dónde está, pues, la ciencia de vivir?

En ninguna parte; y este gran problema quedaría enteramente por resolver, si el Espiritismo no viniese en ayuda de los que buscan, demostrándoles las relaciones que existen entre el cuerpo y el alma, y diciendo que, puesto que son necesarios el uno a la otra, es preciso cuidarlos a los dos. Amad, pues, vuestra alma, pero cuidad también el cuerpo, instrumento del alma; desconocer las necesidades que están indicadas por la misma naturaleza, es desconocer la ley de Dios. No le castiguéis por las faltas que vuestro libre albedrío le ha hecho cometer y de las que tampoco tiene responsabilidad, como no la tiene el caballo mal dirigido por los daños que causa. ¿Seréis, acaso, más perfectos, si martirizando vuestro cuerpo no sois menos egoístas, orgullosos y poco caritativos con vuestro prójimo? No, la perfección no consiste en esto; está enteramente en las reformas que haréis sufrir a vuestro espíritu; suavizadle, sometejlle, humilladle, mortificadle; éste es el medio de hacerle dócil a la voluntad de Dios y el único que conduce a la perfección. 

- Georges. Espíritu protector. 
París, 1863.


Extraído del Capítulo XVII - Sed perfectos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

segunda-feira, 2 de dezembro de 2013

El hombre en el mundo

10. Un sentimiento de piedad debe siempre animar el corazón de aquellos que se reunen bajo el amparo del Señor e imploran la asistencia de buenos espíritus. Purificad, pues, vuestros corazones: no permitáis que tome raíces en él ningún pensamiento mundano o fútil; elevad vuestro espíritu hacia aquellos a quienes llamáis, a fin de que, encontrando en vosotros las disposiciones necesarias, puedan esparcir con profusion la semilla que debe germinar en vuestros corazones, y producir en ellos frutos de caridad y de justicia. 

Sin embargo, no creáis que excitándoos sin cesar a la oración y a la evolución mental, os induzcamos a vivir místicamente, colocándoos fuera de las leyes de la sociedad en donde estáis condenados a vivir. No; vivid con los hombres de vuestra época como deben vivir las personas, y sacrificáos a las necesidades aun a las frivolidades del día; pero sacrificáos con un sentimiento de pureza que pueda santificarías.

Estáis llamados a estar en contacto con genios de naturaleza diferente, con caracteres opuestos; no choquéis con ninguno de aquellos con quienes os encontraréis. Sed alegres, sed felices, pero con la alegría que da una buena conciencia y con la felicidad del heredero del cielo que cuenta los días que le aproximan a su herencia.

La austeridad de conducta y de corazón no consiste en revestirse de un aspecto severo, ni rechazar los placeres que vuestras condiciones humanas permiten; basta dedicar todos los actos de vuestra existencia al Criador que os ha dado esta vida, basta que cuando empecéis o acabéis una obra, dirijáis vuestro pensamiento al Criador y pidáis, por un impulso del alma, ya sea su protección para salir bien, ya sea su bendición pbr la obra concluída. No hagáis nada nunca sin remontaros al orígen de todas las cosas; no hagáis jamás nada sin que la memoria de Dios venga a purificar y santificar vuestros actos.

La perfección es completa, como ha dicho Cristo, con la práctica de la caridad absoluta; pero los deberes de la caridad se extienden a todas las posiciones sociales, desde el más pequeño hasta el más grande. El hombre que viviese solo, no tendría con quién ejercer la caridad; únicamente en el contacto de sus semejantes y en las luchas más penosas, encuentra esta ocasión. El que se aisla, pues, se priva voluntariamente del más poderoso medio de perfección; no teniendo en quién pensar, su vida es la del egoísta.

No os imaginéis, pues, que para vivir en comunicación constante con nosotros, para vivir a la vista del Señor, sea preciso revestir el silicio y cubrirse de ceniza; no, no, lo repito; sed felices según las felicidades de la humanidad, pero que en vuestra felicidad no entre nunca, ni un pensamiento, ni un acto que pueda ofenderle o hacer bajar la frente de los que os aman y dirigen. Dios es amor y bendice a los que aman santamente. 

- Un Espíritu protector. 
Bordeaux, 1863.


Extraído del Capítulo XVII - Sed perfectos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

domingo, 1 de dezembro de 2013

Los superiores y los inferiores

9. La autoridad, lo mismo que la fortuna, es una delegación de la que se pedirá cuenta al que está revestido de ella; no creáis que se la haya dado para procurarle el vano placer de mandar, ni como lo creen falsamente la mayor parte de los poderosos de la tierra, como un derecho, una propiedad. Dios, sin embargo, les prueba muy bien que no es ni lo uno ni lo otro, puesto que se la retira cuando le place. Si fuese un privilegio unido a la persona, sería inalienable. Nadie puede, pues, decir que una cosa le pertenece, cuando se le puede quitar sin su consentimiento. Dios la da a titulo de  misión  o de prueba, cuando así le conviene, y la retira del mismo modo.

Cualquiera que sea depositario de la autoridad, sea cual fuere su extensión, desde el señor sobre su servidor, hasta el soberano sobre su pueblo, no puede negar que tiene el encargo de almas; él responderá de la buena o mala dirección que habrá dado a sus subordinados, y las faltas que éstospodrán cometer, los vicios a los cuales serán arrastrados a consecuencia de esta dirección o de los malos ejemplos, recaerán sobre él, mientras que recogerá los frutos de su solicitud para conducirles al bien. Todo hombre tiene en la tierra una posición grande o pequeña; cualquiera que sea, siempre se la ha dado para el bien; es, pues, faltar si la falsea en su principio.

Si Dios pregunta al rico: ¿Qué has hecho de la fortuna que debía ser entre tus manos un manantial que esparciese la fecundidad a tu alrededor?, preguntará también al que posee una autoridad cualquiera: ¿Qué uso has hecho de esa autoridad? ¿Qué males has evitado? ¿Qué progresos has becho hacer? Si te he dado subordinados, no ha sido para que de ellos hicieras esclavos de tu voluntad, ni instrumentos dóciles de tus caprichos o de tu avaricia; te hice fuerte y te confié a los débiles para sostenerles y ayudarles a subir hacia mí.

El Superior que está penetrado de las palabras de Cristo, no desprecia a ninguno de aquellos que están a sus órdenes, porque sabe que las distinciones sociales no existen delante de Dios. El Espiritismo le enseña que si hoy le obedecen, le han podido mandar o le mandarán más tarde, y entonces será tratado como él haya tratado a los otros.

Si el superior tiene deberes que cumplir, el inferior los tiene también por su parte, que no son menos sagrados. Si este último es espiritista, su conciencia le dirá aún mejor que no está dispensado de ellos, aun cuando su jefe no cumpla los suyos; porque sabe que no debe devolver mal por mal, y que las faltas de los unos no autorizan las de los otros. Si sufre por su posición, dice que seguramente lo ha merecido, porque él mismo ha podido abusar en otro tiempo de su autoridad, y porque debe resistir a la vez los inconvenientes de lo que ha hecho sufrir a los otros. Si se ve forzado a sufrir esta posición por no encontrar otra mejor, el Espiritismo le enseña a resignarse como una prueba de su humildad necesaria a su adelantamiento. Su creencia le guía en su conducta; obra como quisiera que sus subordinados obrasen con él, si fuera el jefe. Por esto mismo es más escrupuloso en el cumplimiento de sus obligaciones, porque comprende que todo descuido en el trabajo que se le ha confiado, es un perjuicio para el que le remunera y a quien debe su tiempo y sus cuidados; en una palabra, está solícito, por el cumplimiento del deber que le da su fe, y la certeza de que toda desviación del camino derecho, es una deuda que será preciso purgartarde o temprano.

- Francisco Nicolás-Madaleine, cardenal Morlot (Espíritu).
París, 1863.


Extraído del Capítulo  XVII - Sed perfectos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.