segunda-feira, 16 de dezembro de 2013

La fe divina y la fe humana

12. La fe en el hombre es el sentimiento innato de sus destinos futuros; es la conciencia que tiene de sus facultades inmensas, cuyo germen ha sido depositado en él, primero en estado latente y que debe hacer desarrollar y aumentar, después por su voluntad de acción.

Hasta el presente la fe no ha sido comprendida sino por el lado religioso, porque Cristo la preconizó como palanca poderosa y porque en El se ha visto el jefe de una religión. Pero Cristo, que hizo milagros materiales, ha enseñado por estos mismos milagros lo que el hombre puede cuando tiene fe, es decir, la "voluntad de querer" y la certeza de que esta voluntad puede cumplirse. Los apóstoles, a su ejemplo, ¿no hicieron también milagros? Pues ¿qué eran estos milagros sino efectos naturales cuya causa era desconocida a los hombres de entonces, pero que en gran parte se explican hoy y se comprenderán completamente por el estudio del Espiritismo y del magnetismo?

La fe es humana o divina, según como el hombre aplica sus facultades a las necesidades terrestres o a sus aspiraciones celestes y futuras. El hombre de genio que persigue la realización de alguna grande empresa, consigue su objeto si tiene fe, porque siente en él que debe y puede realizarló, y esta certeza le da una fuerza inmensa. El hombre de bien que creyendo en su porvenir celeste quiere llenar su vida de nobles y bellas acciones, saca de la fe, con la certeza de la felicidad que le espera, la fuerza necesaria, y también con esto se realizan los milagros de la caridad, de afecto y de abnegación. En fin, con la fe no hay malas inclinaciones que no lleguen a vencerse.

El magnetismo es una de las más grandes pruebas del poder de la fe puesta en acción: por la fe cura y produce esos fenómenos extraños que en otro tiempo se calificaban de milagros.

Lo repito, la fe es "humana y divina"; si todos los encarnados estuviesen bien persuadidos de la fuerza que tienen en sí y quisieran poner su voluntad al servicio de esta fuerza, serían capaces de llevar a cabo lo que hasta el presente se han llamado prodigios, y que sencillamente sólo son desarrollo de las facultades humanas. 

- Un espíritu protector. 
París, 1863.


Extraído del Capítulo XIX - La fe transporta las montañas - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

domingo, 15 de dezembro de 2013

La fe, madre de la esperanza y de la caridad

11. La fe, para ser provechosa, debe ser activa, no ha de embotarse. Madre de todas las virtudes que conducen a Dios, debe velar con atención el desarrollo de las hijas que da a luz.

La esperanza y la caridad son una consecuencia de la fe; estas tres virtudes son una trinidad inseparable. ¿No es, acaso, la fe, la que da la esperanza de que se verán cumplidas las promesas del Señor? Porque si no tenéis fe, ¿qué esperaréis? ¿No es la fe la que da el amor? Porque si no tenéis fe, ¿qué reconocimiento tendréis y, por consiguiente, qué amor?

La fe, divina aspiración de Dios, despierta todos los nobles instintos que conducen el hombre al bien; es la base de la regeneración. Es menester que esta base sea fuerte y duradera, porque si la menor duda la hace vacilar, ¿qué será del edificio que construyáis encima? Levantad, pues, este edificio sobre cimientos sólidos; que vuestra fe sea más fuerte que los sofismas y las burlas de los incrédulos, porque la fe que no desafía al ridículo de los hombres, no es la verdadera fe.

La fe sincera es atractiva y contagiosa; se comunica a los que la tenían o que no querían tenerla; encuentra palabras persuasivas que se dirigen al alma, mientras que la fe aparente sólo tiene palabras sonoras que dejan frío e indiferente; predicad con el ejemplo para dar de ella fe a los hombres; predicad con el ejemplo de vuestras obras para hacerles ver el mérito de la fe; predicad con vuestra esperanza indestructible para hacerles ver la confianza que fortifica y que pone en situación de desafiar todas las vicisitudes de la vida.

Tened, pues, fe en todo lo que ella tiene de bueno y hermoso, en su pureza y en su razonamiento. No admitáis la fe sin comprobación, hija ciega de la obscuridad. Amad a Dios, pero sabed por qué le amáis; creed en sus promesas, pero sabed por qué creéis en ellas seguid nuestros consejos, pero hacéos cargo del fin que os señalamos y de los medios que os manifestamos para conseguirlo. Creed y esperad sin desfallecer nunca; los milagros son obra de la fe.

- José, espíritu protector. 
Bordeaux, 1862.


Extraído del Capítulo XIX - La fe transporta las montañas - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

sexta-feira, 13 de dezembro de 2013

Parábola de la higuera seca

8. Y otro día, como salieron de Betania, tuvo hambre. - Y viendo a lo lejos una higuera que tenía hojas, fué allá por si hallaría alguna cosa en ella; y cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, porque no era tiempo de higos. - Y respondiendo le dijo: Nunca más coma nadie de ti para siempre. Y lo oyeron sus discípulos. Y al pasar por la mañana, vieron que la higuera se había secado de raíz. - Y se acordó Pedro y le dijo: Maestro, cata ahí la higuera que maldijiste cómo se ha secado. - Y respondiendo Jesús les dijo: "Tened fe en Dios. - En verdad os digo, que cualquiera que dijera a este monte: Levántate y échate en el mar; y no dudare en su corazón, mas creyere que se hará cuanto dijere, todo le será hecho. (San Marcos, cap. XI, v. 12, 13, 14 y 20 a 23.)

9. La higuera seca es el símbolo de las gentes que sólo son buenas en la apariencia, pero que en realidad no producen nada bueno; oradores que tienen más brillo que solidez, sus palabras tienen el barniz de la superficie, agradan al oído, pero cuando se les analiza nada sustancial se encuentra para el corazón; después de haberlos escuchado se pregunta uno qué partido se ha sacado de sus oraciones.

Es también el emblema de todos los que tienen los medios de ser útiles y no lo son; de todas las utopías, de todos los sistemas vacíos, de todas las doctrinas sin bases sólidas. Lo que falta la mayor parte de las veces es la fe, la fe fecunda, la fe que remueve las fibras del corazón; en una palabra, la fe que transporta las montañas. Son árboles que tienen hojas, pero no dan frutos; por esto Jesús les condena a la esterilidad, porque vendrá un día que se secarán de raíz; es decir, que todos los sistemas, todas las doctrinas que no hayan producido ningún bien para la humanidad, caerán en la nada, y todos los hombres voluntariamente inútiles por falta de haber puesto en práctica todos los recursos que tenían, serán tratados como la higuera que Jesús secó. 

10. Los  médiums son los intérpretes de los espíritus, supliendo losórganos materiales que a éstos faltan para transmitirnos sus instrucciones; por esto están dotados de facultades a este efecto. En estos tiempos de renovación social, tienen una misión particular; son arboles que deben dar el pasto espiritual a sus hermanos, multiplicándose para que el pasto sea abundante; los hay en todas partes, en todas las comarcas, en todas las clases de la sociedad, entre los ricos y los pobres, entre los grandes y entre los pequeños, a fin de que no haya desheredados, y para probar a los hombres que "todos son llamados". Mas si desvían de su objeto providencial la facultad preciosa que se les ha conferido, si la hacen servir para cosas fútiles y perniciosas, si la ponen al servicio de intereses mundanos, si en vez de frutos saludables los dan malsanos, si rehusan el ser provechosos para los otros, sí ellos mismos no se aprovechan mejorándose, son como la higuera estéril; Dios les retirará un don que es inútil en sus manos, la semilla que ellos no saben hacer fructificar, y les dejará que sean presa de los malos espíritus.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XIX - La fe transporta las montañas - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

quinta-feira, 12 de dezembro de 2013

Condición de la fe inalterable

6. Desde el punto de vista religioso, la fe es la creencia en los dogmas particulares que constituyen las diferentes religiones; todas las religiones tíenen sus artículos de fe. Bajo este aspecto, la fe puede ser "razonada y ciega". La fe ciega, no examinando nada, acepta sin comprobación lo mismo lo falso que lo verdadero, y choca a cada paso contra la evidencia y la razón; empujada hasta el exceso, produce el "fanatismo". Cuando la fe se apoya en el error, se pierde tarde o temprano; la que tiene por base la verdad, está asegurada para el porvenir, porque nada tiene que temer del progreso de las luces, toda vez que "lo que es verdad en la obscuridad, lo es también en pleno día". Todas las religiones pretenden estar en la exclusiva posesión de la verdad; "preconizar la fe ciega sobre un punto de creencia, es confesar su impotencia en demostrar que se tiene razón".

7. Se dice vulgarmente que "la fe no se impone"; de aquí viene que muchas gentes digan que si no tienen fe, no es por culpa suya. Sin duda que la fe no se obliga, y lo que es más justo aún, "no se impone". No, no se impone, pero se adquiere, y no hay nadie a quien se rehuse el poseerla, aun entre los más refractarios. Hablamos de verdades espirituales fundamentales, y no de tal o cual creencia particular. No es la fe la que debía ir a ellos, sino ellos ir al encuentro de la fe, y si la buscan con sinceridad la encontrarán. Tened, pues, por seguro, que los que dicen: "Quisiéramos creer, pero no podemos", lo dicen de boca y no con el corazón, porque diciendo esto se tapan los oídos; sin embargo, las prueban abundan a su alrededor; ¿por qué rehusan verlas? En los unos es indiferencia; en los otros es miedo de verse obligados a cambiar de costumbres; en la mayor parte es el orgullo que rehusa conocer un poder superior, porque les sería preciso inclinarse ante él.

En algunas personas, la fe parece de algún modo innata; sólo una chispa básta para desarrollarla. Esta facilidad en asimilarse las verdades espirituales es una señal evidente del progreso anterior; en los otros, al contrario, sólo penetra con dificultad, señal muy evidente de una naturaleza muy atrasada. Los primeros han creído ya y comprendido; traen, volviendo a "nacer", la intuición de lo que fueron; su educación está hecha; los segundos tienen que aprenderlo todo; su educación está por hacer; ella se hará, y si no se concluye en esta existencia se concluirá en la otra.

Respecto a la resistencia del incrédulo, es menester convenir que es menos por su culpa que por la manera como se presentan las cosas. A la fe es preciso una base, y esta base es la inteligencia perfecta de lo que se debe creer; para creer no basta "ver", es necesario, sobre todo, "comprendér". La fe ciega no es de este siglo, pues hoy el mayor número de incrédulos, porque quiere imponerse y exige la abdicación de una de las más preciosas prerrogativas del hombre: el razonamiento y el libre albedrío. Contra esta fe se parapeta el incrédulo y tiene razón de decir que no se impone: no admitiendo aquellas pruebas, deja en el Espíritu un vacío, de donde nace la duda. La fe razonada, la que se apoya en los hechos y en la lógica, no deja en pos de sí ninguna obscuridad; se cree porque se está cierto, y no se está cierto hasta que se ha comprendido; esta es la razón porque es inalterable, "porque no hay fe inalterable sino la que puede mirar frente a frente a la razón en todas las edades de la humanidad". 

A este resultado conduce el Espiritismo, y por esto triunfa de la incredulidad, siempre que no encuentra oposición sistemática e interesada. 

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XIX - La fe transporta las montañas - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

quarta-feira, 11 de dezembro de 2013

Poder de la fe

1. Y cuando llegó donde estaba la gente, vino a El un hombre, e hincadas las rodillas delante de El, le dijo: Señor, apiádate de mi hijo, que es lunático y padece mucho: pues muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. - Y lo he presentado a tus discípulos y no le han podido sanar. - Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y depravada! ¿hasta cuando estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os sufriré? Traédmelo acá. - Y Jesús lo increpó, y salió de él el demonio, y desde aquella hora fué sano el mozo. - Entonces se llegaron a Jesús los discípulos aparte y le dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos lanzar? - Jesús les dijo: Por vuestra poca fe.  Porque en verdad os digo, que si tuviéreis fe cuanto un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá y se pasará; y nada os será imposible. (San Mateo, cap. XVII, v. de 14 a 19.)

2. En el sentido propio, es cierto que la confianza en nuestras propias fuerzas nos hace capaces de ejecutar cosas materiales que no se pueden hacer cuando dudamos de nosotros mismos, pero aquí es menester entender estas palabras sólo en el sentido moral. Las montañas que levantan la fe, son las dificultades, las resistencias, en una palabra, la mala voluntad que hay entre los hombres, aun en el momento en que se trata de las cosas mejores; las preocupaciones de la rutina, el interés material, el egoísmo, el ciego fana tismo y las pasiones orgullosas, son otras tantas montañas que interceptan el camino de cualquiera que tra baja para el progreso de la humanidad. La fe robusta de la perseverancia, la energía y los recursos que hacen vencer los obstáculos, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; la que vacila de la incertidumbre y la perplejidad, de la cual se aprovechan aquellos a quienes se quiere combatir; no busca los medios de vencer porque creen no poder vencer.

3. En otra acepción se llama fe a la confianzaque se tiene en el cumplimiento de una cosa, la certeza de alcanzar un objeto; da una especie de lucidez, que hace ver en el pensamiento el término hacia el cual uno se dirige y los medios de llegar a él por manera que aquel que la posee marcha, por decirlo así, con seguridad. En ambos casos puede hacer alcanzar grandes cosas.

La fe sincera y verdadera es siempre serena; da la paciencia que sabe esperar, porque teniendo su punto de apoyo en la inteligencia y en la comprensión de las cosas, está cierta de llegar al fin; la fe dudosa siente su propia debilidad; cuando está estimulada por el interés, se vuelve furibunda, y cree suplir la fuerza por la violencia. La calma en la lucha es siempre una señal de fuerza y de confianza; la violencia, por el contrario, es una prueba de debilidad y duda de sí mismo. 

4. Guardaos de confundir la fe con la presunción. La verdadera fe se aviene con la humildad; el que la posee pone su confianza en Dios más que en sí mismo, porque sabe que, simple instrumento de la voluntad de Dios, nada puede sin El, y por esto los buenos Espíritus vienen en su ayuda. La presunción más bien es orgullo que fe, y el orgullo es siempre castigado, más o menos tarde, por los desengaños y las desgracias que sufre.

5. El poder de la fe recibe una aplicación directa y especial en la acción magnética; por ella el hombre obra sobre el flúido, agente universal; modifica sus cualidades y le da una impulsión, por decirlo así, irresistible. Por esto el que tiene una gran fuerza fluídica normal, unida a una fe ardiente, puede, por la sola voluntad dirigida al bien, operat esos fenómenos extraños de curaciones y otros que en otro tiempo pasaban por prodigios y, sin embargo, sólo son consecuencia de una ley natural. Tal es el motivo porque Jesús dijo a sus apóstoles: si no habéis curado, es porque no teníais fe. 

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XIX - La fe transporta las montañas - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

terça-feira, 10 de dezembro de 2013

Se conoce al cristiano por sus obras

16. "Los que me dicen: Señor, Señor, no entrarán todos en el reino de los cielos, mas sólo aquel que hace la voluntad de mi padre, que está en los cielos".

Escuchad estas palabras del maestro todos los que rechazáis la doctrina espiritista como una obra del demonio. Abrid vuestros oídos; el momento de escuchar ha llegado.

¿Basta llevar la librea del Señor para ser un fiel servidor? ¿Basta decir: "Soy cristiano", para seguir a Cristo? Buscad a los buenos cristianos y los encontraréis en sus obras. "Un buen árbol no puede dar mal fruto, ni un mal árbol puede dar buen fruto. Todo árbol que no da buenos frutos es cortado y echado al fuego". Estas son las palabras del Maestro; discípulos de Cristo, comprendedlas bien. ¿Cuáles son los frutos que debe dar el árbol del cristianismo, árbol poderoso cuyo ramaje copudo cubre con su sombra una parte del mundo, pero que no ha abrigado aún a todos los que deben agruparse a su alrededor? Los frutos del árbol de la vida son frutos de vida, de esperanza y de fe. El cristianismo, tal como lo ha hecho desde muchos siglos, predica siempre esas divinas virtudes, procura esparcir sus frutos, pero ¡cuán pocos lo cogen! El árbol es siempre bueno, pero los jardineros son malos. Han querido cultivarlo a su modo, han querido modelarlo según sus necesidades, y lo han achicado y mutilado; sus ramas estériles no darán malos frutos, pero no dan ninguno. El viajero que tiene sed y se para bajo su sombra para coger el fruto de la esperanza que debe darle la fuerza y el valor, sólo ve ramas áridas que hacen presentir la tempestad. En vano pide el fruto de vida al árbol de la vida; las hojas caen secas, ¡el hombre las ha manoseado tanto, que las ha quemado!

¡Abrid, pues, vuestros oídos y vuestros corazones, queridos míos! Cultivad este árbol de vida cuyos frutos dan la vida eterna. El que lo ha plantado os invita a cuidarlo con amor, y vosotros le veréis aún dar con abundancia sus frutos divinos. Dejadlo tal como Cristo os lo dió; no lo mutiléis; su sombra inmensa quiere extenderse por todo el universo; no recortéis sus ramas; sus frutos bienhechores caen en abundancia para sostener al viajero sediento que quiere llegar al fin; no recojáis estos frutos para encerrarles y dejarles podrir y que no sirvan para nadie. "Muchos son los llamados y pocos los escogidos"; es que hay acaparadores para el pan de la vida, como los hay muchas veces para el pan material. No seáis de este número; el árbol que da buenos frutos debe esparcirse por todas partes. Marchad, pues, a buscar a aquellos que están sedientos; conducidles bajo las ramas del árbol y com partid con ellos el abrigo que os ofrece. "No se cogen uvas", hermanos míos; alejaos, pues, de aquellos que os llaman para presentaros los abrojos del camino, y seguid a aquellos que os conducen a la sombra del árbol de la vida.

El divino Salvador, el justo por excelencia, lo ha dicho y sus palabras no faltarán. "Aquellos que me dicen: ¡ Señor, Señor!, no entrarán todos en el reino de los cielos, sino sólo aquellos que hacen la voluntad de mi padre, que está en los cielos".

Que el Señor de bendición os bendiga; que el Dios de luz os ilumine; que el árbol de la vida derrame sobre vosotros sus frutos con abundancia. Creed y rogad.

- Simeón (Espíritu).
Bordeaux, 1863.


Extraído del Capítulo XVIII - Muchos son los llamados y pocos los escogidos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

segunda-feira, 9 de dezembro de 2013

Se dará al que ya tiene

13. Y llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? - El respondió y dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos: mas a ellos no les es dado. - Porque al que tiene se le dará y tendrá más: mas al que no tiene, aún lo que tiene, se le quitará. - Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo, ni oyen ni entienden. (San Mateo, cap. XIII, v. de 10 a 14.)

14. Y les decía: Atended a lo que vais a oir. Con la medida con que midiéreis os medirán a vosotros y se os añadirá: - Porque al que tiene se dará. Y al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará. (San Marcos, cap. IV, v. 24 y 25.)

15. "Porque al que tiene se le dará y tendrá más; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". Meditad estas grandes lecciones, que muchas veces os han parecido paradojas. El que ha recibido es aquel que posee el sentido de la palabra divina; ha recibido porque ha procurado hacerse digno, y porque el Señor, en su amor misericordioso, anima los esfuerzos que se dirigen al bien. Estos esfuerzos, sostenidos y perseverantes, atraen las gracias del Señor; es un imán que atrae a El las mejoras progresivas y las gracias abundantes que os hacen fuertes para subir al monte santo, en cuya cúspide está el descanso después del trabajo.

"Se quitará al que nada tiene, o que tiene poco". Tomad esto como una oposición figurada. Dios no retira a sus criaturas el bien que se ha dignado hacerlas. ¡Hombres ciegos y sordos!, abrid vuestras inteligencias, y vuestros corazones, mirad por vuestro espíritu, oíd por vuestra alma y no interpretéís de una manera tan groseramente injusta las palabras de aquel que ha hecho resplandecer a vuestros ojos la justicia del Señor. No es Dios el que quita al que ha recibido poco, sino el mismo espíritu que, pródigo e indolente, no sabe conservar lo que tiene y aumentar, fecundándolo, el óbolo caído en su corazón.

El que no cultiva el campo que el trabajo de su padre le ha ganado y él hereda, ve cubrir este campo de hierbas parásitas. ¿Es, acaso, su padre el que le vuelve a tomar las cosechas que no ha querido preparar? Si ha dejado perder el grano destinado al campo para fructificar por falta de cuidado, ¿debe acusar a su padre si no produce nada? No, no; en vez de acusar al que todo lo había preparado para él, de volverle a quitar lo que le dió, que acuse al verdadero autor de sus miserias, y entonces, arrepentido y activo, se ponga a la obra con ánimo; que rompa la tierra ingrata por el esfuerzo de su voluntad, que la trabaje hasta el corazón con la ayuda del arrepentimiento y de la esperanza, que eche con confianza el grano que tendrá elegido, bueno entre los malos, que lo rocíe con su amor y con su caridad, y Dios, el Dios de amor, dará al que ya ha recibido. Entonces verá sus esfuerzos coronados de éxito, y un grano producirá ciento y otro mil. Animo, obreros; tomad vuestro rastrillo y vuestros arados, trabajad vuestros corazones y arrancad de ellos la cizaña; sembrad el grano que el Señor os ha confiado, y el rocío de amor le hará producir frutos de caridad. 

- Un espíritu amigo. 
Bordeaux, 1862.


Extraído del Capítulo XVIII - Muchos son los llamados y pocos los escogidos - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.