quinta-feira, 9 de janeiro de 2014

Los sanos no tienen necesidad de médico

11. Y acaeció que estando Jesús sentado a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con El, y con sus discípulos. - Y viendo esto los fariseos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores? - Y oyéndolo Jesús, dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos. (San Mateo, cap. IX, v. 10, 11 y 12).

12. Jesús se dirigía, sobre todo, a los pobres y a los desheredados, porque éstos son los que tienen más necesidad de consuelos; a los ciegos dóciles y de buena fe porque quieren ver, y no a los orgullosos, que creen poseer toda la luz y no faltarles nada. 

Estas palabras, como otras muchas, encuentran su aplicación en el Espiritismo. Algunos se admiran de que la mediumnidad se concede a gentes indignas y capaces de hacer mal uso de ella; parece, dicen, que una facultad tan preciosa debería ser atributo exclusivo de los más meritorios. 

Digamos, ante todo, que la mediumnidad consiste en una disposición orgánica de la que puede todo hombre estar dotado, como la de ver, oir y hablar. De todas puede abusar el hombre en virtud de su libre albedrío, y si Dios no hubiese concedido la palabra, por ejemplo, sino a los que son incapaces de decir cosas malas, habría más mudos que parlantes. Dios, que ha dado al hombre facultades, le deja libre para usar de ellas, pero castiga siempre al que abusa.

Sin el poder de comunicar con los espíritus se hubiese dado sólo a los más dignos, ¿quién se atrevería a solicitarlo? Además, ¿en dónde estaría el límite de la dignidad? La mediumnidad se ha dado sin distinción a fin de que los espíritus puedan llevar la luz a todas partes, a todas las clases de la sociedad, así a la casa del pobre como a la del rico, lo mismo entre los prudentes para fortificarles en el bien, que entre los viciosos, para corregirles. ¿Acaso no son éstos últimos los enfermos que necesitan el médico? ¿Por qué Dios, que no quiere la muerte del pecador, le privaría del socorro que puede sacarle del cenagal? Los espíritus buenos vienen, pues, en su ayuda, y los consejos que recibe directamente son de tal naturaleza que le impresionan con más viveza que si los recibiera por caminos indirectos. Dios, en su bondad, para ahorrarle el trabajo de ir a buscar la luz más lejos, se la pone en la mano; ¿no es mucho más culpable si no la mira? ¿Puede excusarse con la ignorancia cuando él mismo haya escrito, visto, oído y pronunciado su propia condenación? Si no se aprovecha entonces es cuando es castigado por haber pervertido sus facultades, apoderándose de ella los malos espíritus para observarle y engañarle, sin perjuicio de las aflicciones reales con que Dios castiga a sus servidores indignos y a los corazones endurecidos por el orgullo y el egoísmo.

La mediumnidad no implica necesariamente relaciones habitales con los espíritus superiores, sino que es sencillamente una "aptitud" para servir de instrumento más o menos flexible a los espíritus en general. El buen medium no es, pues, el que comunica fácilmente, sino el que es simpático a los buenos espíritus y sólo está asistido por ellos. Unicamente en este sentido es poderosa la excelencia de las cualidades morales sobre la mediumnidad.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XXIV - No pongáis la lámpara debajo del celemín - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

quarta-feira, 8 de janeiro de 2014

No vayáis a camino de gentiles

8. A estos doce envió Jesús mandándoles y diciendo: No vayáis a camino de gentiles, ni entréis en las ciudades de los Samaritanos. - Mas id antes a las ovejas, que perecieron de la casa de Israel. - Id y predicad diciendo: Que se acercó el reino de los cielos. (San Mateo, cap. X, v. 5, 6 y 7).

9. Jesús prueba en diferentes circunstancias que sus miras no están circunscritas al pueblo judío, sino que abrazan a toda la humanidad. Si, pues, dijo a sus apóstoles que no fuesen entre paganos, no fué porque desdeñase la conversión de éstos, lo que hubiera sido poco caritativo, sino porque los judíos, que creían en la unidad de Dios y esperaban el Mesías, estaban preparados por las leyes de Moisés y de los Profetas a recibir su palabra. Entre los paganos, faltando la base, todo estaba por hacer, y los apóstoles aún no estaban bastante ilustrados para tan ruda tarea; por esto les dijo: Id al rebaño descarriado de la casa de Israel, es decir, id a sembrar en un terreno ya desmontado, sabiendo bien que la conversión de los gentiles vendría a su tiempo. En efecto, más tarde los apóstoles fueron a plantar la cruz en el mismo centro del paganismo.

10. Estas palabras pueden aplicarse a los adeptos y a los propagadores del Espiritismo. Los incrédulos sistemáticos, los burlones obstinados, los adversarios interesados, son, para ellos, lo que los gentiles eran para los apóstoles. A ejemplo de éstos, que busquen primero los prosélitos entre las gentes de buena voluntad, a los que desean la luz, en quienes se encuentra un germen fecundo y el número es grande: sin perder el tiempo con aquellos que rehusan ver y oir y se resisten tanto más por el orgullo, cuanto más valor se quiere dar a su conversión. Más vale abrir los ojos a cien ciegos que deseen ver claro, que a uno solo que se complace en la obscuridad, porque es aumentar el número de los adeptos de una causa en más grande proporción. Dejar a los otros en paz, no es indiferencia, sino buena política; ya les tocará su turno cuando serán dominados por la opinión general y cuando oirán sin cesar repetir la mismacosa a su alrededor; entonces creerán aceptar la idea voluntariamente y no bajo las impresiones de un individuo. Además, hay ideas que son como las semillas: que no pueden germinar antes de la estación y aun únicamente en un terreno preparado; por esto es mejor esperar el tiempo propicio y cultivar primero las que germinan, y no ser que aborten las otras precipitándolas demasiado.

En tiempo de Jesús, y a consecuencia de las ideas limitadas y materiales de la época, todo estaba circunscrito y localizado; la casa de Israel era un pequeño pueblo y los gentiles eran los pueblos pequeños que existían a su alrededor; hoy las ideas se universalizan y se espiritualizan. La nueva luz no es privilegio de ninguna nación; para ella no existen barreras; tiene su hogar en todas partes y todos los hombres son hermanos. Mas los espiritistas tampoco son un pueblo: es una opinión que se encuentra en todas partes, y cuya verdad triunfa poco a poco, como el cristianismo ha triunfado del paganismo. Ya no se le combate con armas de guerra, sino con el poder de la idea.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XXIV - No pongáis la lámpara debajo del celemín - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

terça-feira, 7 de janeiro de 2014

Lámpara debajo del celemín

1. Ni encienden una antorcha y la ponen debajo del celemín sino sobre el candelero, para que alumbre, a todos los que están en la casa. (San Mateo, cap. V, y. 15).

2. Nadie enciende una antorcha y la cubre con alguna vasija, o la pone debajo de la cama: mas la pone sobre el candelero, para que vean la luz los que entran. - Porque no hay cosa encubierta que no haya de ser manifestada: ni escondida, que no haya de ser descubierta y hacerse pública. (San Lucas, capítulo VIII, v. 16 y 17).

3. Y llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? - Y les respondió y dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos: mas a ellos no les es dado. - Porque al que tiene se le dará y tendrá más, mas el que no tiene aún lo que tiene se le quitará. - Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no lo ven, y oyendo no oyen ni entienden. -Y se cumple en ellos la profecía de Isaías que dice: De todo oiréis y no entenderéis; y viendo, veréis y no veréis. - Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y cerraron sus ojos: para que no vean de los ojos, y oigan de las orejas, y del corazón entiendan; y se conviertan, y los sane. (San Mateo, cap. XIII, v. de 10 a 15).

4. Nos maravillamos cuando oímos decir a Jesús que es menester no dejar la luz debajo del celemín, mientras que él mismo oculta sin cesar el sentido de sus palabras bajo el velo de la alegoría que no puede ser comprendida de todos. El lo explica diciendo a sus apóstoles: Les hablo por parábola, porque no están en estado de comprender ciertas cosas; ven, miran, oyen y no comprenden; decírselo todo sería inútil en este momento; pero a vosotros os lo digo, porque os es dado comprender estos misterios. Obraba, pues, con el pueblo, como se hace con los niños cuyas ideas no están aún desarrolladas. De este modo indica el verdadero sentido de la máxima: "Nadie enciende una antorcha y la cubre con una vasija, o la pone debajo de la camá, mas la pone sobre el candelero, para que vean la luz los que entran". No significa que sea necesario revelar todas las cosas inconsiderablemente: toda enseñanza debe ser proporcionada a la inteligencia de aquel a quien se dirige, porque hay gentes a quienes una luz demasiado viva las deslumbra sin darles claridad.

Lo mismo sucede con los hombres en general que con los individuos; las generaciones tienen su infancia, su juventud y su vejez; cada cosa debe venir a su tiempo, pues el grano sembrado fuera de la estación no fructifica. Mas lo que la prudencia aconseja callar momentáneamente, debe descubrirse más o menos tarde, porque llegados a cierto grado de desarrollo, los hombres buscan ellos mismos la luz viva; la obscuridad les pesa. Habiéndoles dado Dios la inteligencia para comprender y guiarse en las cosas de la tierra y del cielo, quieren razonar su fe; entonces es cuando no se debe poner la antorcha debajo del celemín, porque "sin la luz de la razón, la fe se debilita".

5. Si, pues, en su sabia previsión, la Providencia sólo revela las verdades gradualmente, las descubre siempre que la humanidad está en disposición de recibirlas; las tiene reservadas, pero no debajo del celemím. En cambio, los hombres que están en posesión de estas verdades, la mayor parte de las veces sólo las ocultan con la idea de dominar; verdaderamente ellos son los que ponen la luz debajo del celemín. Así es que todas las religiones han tenido sus misterios, cuyo examen prohiben; pero mientras esas religiones van quedando rezagadas, la ciencia y la inteligencia han marchado y han roto el velo del misterio; el vulgo se ha vuelto adulto y ha querido penetrar en el fondo de las cosas, y ha sido cuando ha expulsado de su fe lo que era contrario a la observación.

No puede haber misterios absolutos, y Jesús está en lo verdadero cuando dijo que no hay nada secreto que no deba ser conocido. Todo lo que está oculto será descubierto algún día; y lo que el hombre no puede aún descubrir en la tierra, le será sucesivamente descubierto en los mundos más avanzados y cuando esté purificado; en la tierra está aún en las tinieblas.

6. Se pregunta: ¿qué provecho pudo el pueblo sacar de esta multitud de parábolas cuyo sentido estaba oculto para él? Es de notar que Jesús no se expresaba con parábolas sino respecto a las partes, hasta cierto punto abstractas, de su doctrina; pero habiendo hecho de la caridad hacia el prójimo y de la humildad la condición expresa de salvación, lo que dijo concerniente a esto es perfectamente claro, explícito y sin ambigüedad. Así debió ser, porque es la regla de conducta, regla que todo el mundo debía comprender para poderla practicar; es la esencial para la multitud ignorante a la que se limitaba a decir: Esto es lo que debéis hacer para alcanzar el reino de los cielos. Sobre los otros puntos sólo desarrollaba su pensamientos a sus discípulos, estando éstos más adelantados, moral e intelectualmente. Jesús había podido iniciarles en las verdades más abstractas; por esto dijo: "A los que tienen se les dará más".

Sin embargo aun con sus apóstoles se dejó en la vaguedad muchos puntos, cuya completa inteligencia estaba reservada a los tiempos ulteriores. Estos son los puntos que han dado lugar a interpretaciones tan diversas, hasta que la ciencia por un lado y el Espiritismo por otro han hecho comprender su sentido verdadero.

7. El Espiritismo viene hoy a hacer luz sobre una porciónde puntos obscuros; sin embargo, no la hace inconsideradamente. Los espíritus proceden en sus instrucciones con una admirable prudencia; sólo sucesiva y gradualmente han abordado las diferentes partes conocidas de la doctrina y del mismo modo serán reveladas las otras a medida que llegue el tiempo de hacerlas salir de la obscuridad. Si la hubiesen presentado completa al principio, sólo hubiera sido accesible a un reducido nilmero; hubiera asustado hasta a los que no estaban preparados, y esto hubiera sido un obstáculo para su propagación. Si, pues, los espíritus no lo dicen aún todo ostensiblemente, no es porque haya en la doctrina misterios reservados para los privilegiados, ni que pongan la antorcha debajo del celemín, sino porque cada cosa debe venir en tiempo oportuno. Dejan que una idea madure y se propague antes de presentar otra, "y que preparen su aceptación los acontecimientos". 

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XXIV - No pongáis la lámpara debajo del celemín - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

segunda-feira, 6 de janeiro de 2014

Yo no he venido a traer la paz, sino la división

9. No penséis que vine a meter paz sobre la tierra; no vine a meter paz sino espada; - porque vine a separar al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y la nuera contra su suegra. - Y los enemigos del hombre, los de su casa. (San Mateo, cap. X, v. 34, 35 y 36).

10. Fuego vine a poner en la tierra; ¿y qué quiero sino que arda? - Con bautismo es menester que yo sea bautizado; ¡y cómo me angustio basta que se cumpla! - ¿Pensáis que soy venido a poner paz en la tierra? Os digo que no, sino división; - porque de aquí en adelante habrán cinco en una casa divididos, los tres estarán contra los dos, y los dos contra los tres. - Estarán divididos: el padre contra el hijo, y el hijo contra su padre, la madre contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra. (San Lucas, cap. XII, v. de 49 a 53).

11. ¿Es el mismo Jesús y la personificación de la benignidad y de la bondad, y que no cesó de predicar el amor al prójimo, el que pudo decir: Yo no he venido a meter paz, sino espada; he venido a separar al hijo de su padre, al esposo de su esposa; he venido a poner fuego sobre la tierra y lo que quiero es que arda? ¿Acaso estas palabras no están en contradicción manifiesta con su enseñanza? ¿No es blasfemia atribuirle el lenguaje de un conquistador sanguinario y devastador? No, no hay blasfemia ni contradicción en estas palabras, porque El es quien las pronunció y ellas atestiguan su alta sabiduría; sólo que su forma, un poco equívoca, no expresa exactamente su pensamiento, y esta es la causa por la que se ha entendido mal su sentido verdadero. Tomadas literalmente tendrían por objeto transformar su misión, enteramente pacífica, en misión de turbulencias y discordias, consecuencias absurdas que el buen sentido rechaza, porque Jesús no podía desmentirse.

12. Toda idea nueva necesariamente encuentra oposición, y no hay una sola que se haya establecido sin luchas, puesto que en semejante caso la resistencia está siempre en relación a la importancia de los resultados "previstos", porque cuanto más grande es, mayores intereses lastima. Si es notoriamente falsa, y si se juzga, sin consecuencia, nadie hace caso y se la deja pasar sabiendo que no tiene vida. Pero si es verdadera, si descansa sobre una base sólida, si se entrevé su porvenir, un secreto presentimiento advierte a sus antagonistas que es una desgracia para ellos y para el orden de las cosas en cuyo sostenimiento están interesados; por este motivo la persiguen lo mismo que a sus partidarios.

13. Jesús vino a proclamar la doctrina que minaba por su base el abuso en que vivían los fariseos, los escribas y los sacerdotes de su tiempo; por esto también le hicieron morir, creyendo matar la idea matando al hombre; pero la idea sobrevivió porque era verdadera; se engrandeció porque estaba en los designios de Dios, y salida de un pueblo obscuro de la Judea fué a plantar su estandarte en la misma capital del mundo pagano, en presencia de sus enemigos más encarnizados, de los que tenían más interés en combatirla porque echaba por el suelo creencias seculares que muchos sostenían más bien por interés que por convicción. Allí esperaban a sus apóstoles las luchas más terribles; las víctimas fueron innumerables, pero la idea se engrandeció siempre y salió triunfante, porque sobrepujaba en verdad a las anteriores.

14. Es preciso notar que el cristianismo llegó cuando el paganismo estaba en decadencia, y se debatía contra las luces de la razón. Se practicaba aún por fórmula, pero la creencia había desaparecido; sólo el interés personal la sostenía. Pero el interés es tenaz; nunca cede a la evidencia irritándose tanto más cuanto más perentorios son los razonamientos que se le oponen y le demuestran mejor su error; sabe bien que está en él, mas esto no le conmueve, porque la verdadera fe no está en su alma; lo que más teme es la luz que abre los ojos de los ciegos; este error lo aprovecha, y por esto se aferra a él y lo defiende.

¿Sócrates no había, también, emitido una doctrina análoga, hasta cierto punto, a la de Cristo? ¿Por qué, pues, no prevaleció en aquella época en uno de los pueblos más inteligentes de la tierra? Es que el tiempo no había llegado aún; Sócrates sembró en una tierra que no estaba trabajada; el paganismo aun no se había "gastado". Cristo recibió su misión providencial en tiempo propicio. Todos los hombres de su época no estaban, ni mucho menos, a la altura de las ideas cristianas; pero había una aptitud más general en asimilárselas porque se empezaba a sentir el vacío que las creencias vulgares dejaban en el alma. Sócrates y Platón abrieron el camino y predispusieron los espíritus.

15. Desgraciadamente los adeptos de la nueva doctrina no se entendieron sobre la interpretación de las palabras del maestro, la mayor parte cubiertas con el velo de las alegorías y de la figura; de aquí nacieron, desde el principio, las sectas numerosas que todas pretendían tener la verdad exclusiva, y que diez y ocho siglos no han podido poner de acuerdo. Olvidando el más importante de los divinos preceptos, aquel del que Jesús había hecho la piedra angular de su edificio y la condición expresa de salvación, la caridad, la fraternidad y el amor al prójimo, esas sectas se anatematizaron mutuamente y se arrojaron unas contra otras, destruyendo las más fuertes a las más débiles, ahogándolas en la sangre, en los tormentos y en las llamas de las hogueras. Los cristianos vencedores del paganismo, de perseguidos se hicieron perseguidores, y a sangre y fuego plantaron en ambos mundos la cruz del cordero sin mancha. Es un hecho constante que las guerras de religión han sido las más crueles y han hecho más víctimas que las guerras políticas, y que en ninguna de éstas se han cometido más actos de atrocidad y barbarie que en aquéllas.

¿Acaso está la falta en la doctrina de Cristo? No, ciertamente, porque condena formalmente toda violencia. ¿Dijo nunca a sus discípulos, id y matad, destrozad, quemad a los que no crean lo que vosotros? No, sino que les dijo todo lo contrario: Todos los hombres son hermanos y Dios es soberanamente misericordioso; amad a vuestro prójimo, amad a vuestros enemigos y haced bien a los que os persiguen. Les dijo más: El que mata por la espada, perecerá por la espada. La responsabilidad no está, pues, en la doctrina de Jesús, sino en los que la han interpretado falsamente y han hecho de ella un instrumento para servir a sus pasiones; está en los que han desconocido estas palabras: "Mi reino no es de este mundo".

Jesús, en su profunda sabiduría, preveía lo que iba a suceder; estas cosas eran inevitables, por ser inherentes a la inferioridad de la naturaleza humana, que no podía transformarse repentinamente. Era preciso que el cristianismo pasase por esta larga y cruel prueba de diez y ocho siglos para manifestar todo su poder, porque a pesar de todo el mal cometido en su nombre ha salido puro; jamás se le ha puesto en tela de juicio; la culpa ha recaído siempre sobre los que han abusado de él; a cada acto de intolerancia se ha dicho siempre: Si el cristianismo fuese mejor comprendido y mejor practicado, no hubiera sucedido esto.

16. Cuando Jesús dijo: No creáis que haya venido a poner paz, sino división, su pensamiento fué este: "No creáis que mi doctrina se establezca pacíficamente; traerá luchas sangrientas, a las que mi nombre servira de pretexto, porque los hombres no me habrán comprendido o no me habrán querido comprender; los hermanos separados por su creencia sacarán la espada uno contra otro, y la división reinará entre los miembros de una misma familia que no tendrá la misma fe. Yo he venido a poner el fuego en la tierra para limpiarla de los errores y de las preocupaciones, del mismo modo que se pone fuego en un campo para destruir las malas hierbas, y por mi parte quiero que arda para que la purificación sea más pronta, porque de este conflicto saldrá triunfante la verdad; a la guerra sucederá la paz, al encono de los partidos la fraternidad universal, a las tinieblas del fanatismo la luz de la fe razonada. Entonces, cuando el campo esté preparado, "os enviaré el Consolador, el Espíritu de Verdad que vendrá a restablecer todas las cosas"; es decir, que haciendo conocer el verdadero sentido de mis palabras, que los hombres, ya más ilustrados, podrán por fin comprender, pondrán término a la lucha fratricida que divide a los hijos de un mismo Dios. Cansados, por último, de un combate sin consecuencias, que arrastra tras sí la desolación y lleva la turbación hasta el seno de las familias, los hombres reconocerán en dónde están sus verdaderos intereses para este mundo y para el otro; verán de qué lado están los amigos y enemigos de su reposo. Entonces todos se agruparán bajo una misma bandera: la de la caridad, y las cosas se restablecerán en la tierra según la verdad y los principios que os he enseñado". 

17. El Espiritismo viene a realizar, en el tiempo predicho, las promesas de Cristo; sin embargo, esto no puede hacerse sin destruir los abusos; como Jesús, encuentra a su paso el orgullo, el egoísmo, la ambición, la avaricia y el ciego fanatismo, que, acosados en sus últimos atrincheramientos, intentan cortarle el camino y le suscitan trabas y persecuciones; por esto le es necesario también combatir; pero el tiempo de las luchas y de las persecuciones sangrientas ha pasado; las que se tendrán que sufrir serán enteramente morales, y el término se acerca; las primeras han durado siglos; éstas durarán apenas algunos años, porque la luz, en lugar de salir de un solo foco, sale de todos los puntos del globo y abrirá más pronto los ojos a los ciegos.

18. Aquellas palabras de Jesús deben, pues, entenderse en el sentido de que manifestaban la cólera que él preveía que su doctrina iba a levantar los conflictos momentáneos que iban a ser su consecuencia, las luchas que tendrían que sostenerse antes de establecerse, como sucedió con los Hebreos antes de entrar en la Tierra prometida, y no como un designio premeditado por su parte de sembrar el desorden y la confusión. El mal debía venir de los hombres y no de El. Es como el médico que va a curar, pero cuyos remedios provocan una crisis saludable removiendo los humores malsanos del enfermo.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XXIII - Moral extraña - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

sábado, 4 de janeiro de 2014

Dejad a los muertos el cuidado de enterrar a sus muertos

7. Y a otro dijo: Sígueme. Y él respondió: Señor, déjame ir antes a enterrar a mi padre. - Y Jesús le dijo: deja que los muertos entierren a sus muertos; mas tú ve y anuncia el reino de Dios. (San Lucas, cap. IX, v. 50 y 60).

8. ¿Qué pueden significar estas palabras: "Deja que los muertos entierren a sus muertos"? Las consideraciones que proceden manifiestan, en primer lugar, que en las circunstancias en que fueron pronunciadas no podían expresar una reprobación contra el que miraba como un deber de piedad filial el ir a enterrar a su padre; pero encierran un sentido profundo que sólo un conocimiento más completo de la vida espiritual podía hacer comprender.

En efecto: la vida espiritual es la vida verdadera, es la vida normal del espíritu; su existencia terrestre sólo es transitoria y pasajera; es una especie de muerte si se la compara con el esplendor y la actividad de la vida espiritual. El cuerpo no es otra cosa que un hábito grosero que reviste momentáneamente el espíritu, verdadera causa que le une al terrón de tierra, y es feliz cuando queda libre de ella. El respeto que se tiene por los muertos no es por la materia, sino por el recuerdo del espíritu ausente; es análogo al que se tiene por los objetos que le pertenecieron, que él tocó y que los que le han amado guardan como reliquias. Esto es lo que aquel hombre no podía comprender por sí mismo; Jesús se lo enseñó diciéndole: "No os inquietéis por el cuerpo; antes bien, cuidad al espíritu id a enseñar el reino de Dios; id a decir a los hombres que su patria no está en la Tierra, sino en el Cielo, en donde se encuentra la verdadera vida".

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XXIII - Moral extraña - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

sexta-feira, 3 de janeiro de 2014

Dejar a su padre, a su madre y a sua hijos

4. Y cualquiera que dejare, casa o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierra por mi nombre, recibirá ciento por uno y poseerá la vida eterna. (San Mateo, cap. XIX, v. 29).

5. Y dijo Pedro: Bien ves que nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido. - El les dijo: En verdad os digo, que ninguno hay que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujeres, o hijos por el reino de Dios, - que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. (San Lucas, cap. XVIII, v. 28, 29 y 30).

6. Y otro le dijo: Te seguiré, Señor, mas primeramente déjame ir a dar disposición de lo que tengo en mi casa. - Jesús le dijo: Ninguno que pone su mano en el arado y mira atrás, es apto para el de Dios. (San Lucas, cap. XI, v. 61 y 62.)

Sin discutir las palabras, es preciso buscar aquí el pensamiento, que evidentemente era éste: "Los intereses de la vida futura sobrepujan  a todos los intereses y a todas las consideraciones humanas, porque está conforme con el fondo de la doctrina de Jesús, mientras que la idea de renunciar a la familia seria la negación. 

¿Acaso no tenemos a la vista la aplicación de estas máximas, en el sacrificio de los intereses y de los efectos de familia por la patria? ¿Se vitupera a un hijo porque deja a sus padres, a sus hermanos, a su mujer y a sus hijos, para marchar en defensa de su país? ¿No se le atribuye, por el contrario, un mérito por abandonar las comodidades del hogar doméstico, los lazos de la amistad, para cumplir con un deber? Hay, pues, deberes mayores unos que otros. ¿No impone la ley la obligación a la hija de dejar a sus padres para seguir a su esposo? El mundo está lleno de casos en que las más penosas separaciones son necesarias, pero no por eso se rompen los afectos; el alejamiento no disminuye ni el respeto ni la solicitud que se debe a los padres, ni la ternura por los hijos. Se ve, pues, que aun tomadas literalmente, a excepción de la palabra "aborrecer", aquellas no son negación del mandamiento que prescribe honrar padre y madre, ni el sentimiento de ternura paternal, mayormente si en ellas se busca el sentido propio. Estas palabras tenían por objeto enseñar, por medios de un hipérbole, cuán imperioso era el deber de ocuparse de la vida futura. Por otra parte, poco podían ofender a un pueblo y en una época en que, a consecuencia de las costumbres, los lazos de la familia tenían menos fuerza que una civilización moral más avanzada; más débiles estos lazos en los pueblos primitivos, se fortifican con el desarrollo de la sensibilidad y del sentido moral. La separación es, asimismo, necesaria para el progreso; sucede en las familias como en las razas, que se bastardean si no hay cruzamiento y si no se injertan las unas con las otras; es una ley de la naturaleza, tanto en interés del progreso moral como físico.

Aquí las cosas se miran desde el punto de vista terrestre; el Espiritismo nos las hace ver de más alto enseñándonos que los verdaderos lazos de afecto son los del Espíritu y no los del cuerpo; que estos lazos no se rompen ni por la separación, ni aun por la muerte del cuerpo, y que se fortifican en la vida espiritual por la purificación del espíritu; verdad consoladora que da gran fuerza para sobrellevar las vicisitudes de la vida.

- Allan Kardec.


Extraído del Capítulo XXIII - Moral extraña - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.

quinta-feira, 2 de janeiro de 2014

El que no aborrece a su padre y a su madre

1. Y muchas gentes iban con él: y volviéndose, les dijo: - Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. - Y el que no lleva su cruz a cuestas y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. - Pues así cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. (San Lucas, cap. XIV, v. 25, 26, 27 y 33).

2. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí, y el que ama a hijo o a hija más que a mí no es digno de mí. (San Mateo, cap. X, v. 37).

3. Algunas palabras, muy extrañas, por cierto contrastan de un modo tan raro en boca de Cristo, que instintivamente se rechaza su sentido literal, y la sublimidad de su doctrina no sufre ningún menoscabo. Escritas después de su muerte, puesto que ningún Evangelio se escribió cuando vivía, es permitido creer, en este caso, que el fondo de su pensamiento no se ha transmitido bien o, lo que no es menos probable, que el sentido primitivo ha sufrido alguna alteración pasando de uno a otro idioma. Basta que la primera vez se cometiera un error, para que se haya reproducido por los que lo han repetido, como se ve muy a menudo en los hechos históricos.

La palabra "aborrece", en la frase de San Lucas: "Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre", viene comprendida en este caso; pues no hay nadie que haya tenido la idea de atribuirla a Jesús, y por lo tanto sería superfluo discutirla, y aún más procurar justificarla. Primero sería preciso saber si la pronunció, y en la afirmativa, saber si en el idioma en que se expresaba tenía esta palabra el mismo valor que en el nuestro. En este pasaje de San Juan: "El que "aborrece" su vida en este mundo la conserva para la vida eterna", es cierto que no expresa la idea que nosotros le atribuímos.

El idioma hebreo no era rico y muchas palabras tenían diferentes significaciones. Tal es, por ejemplo, la que en el Génesis designó las fases de la creación, y que servía para expresar un período de algún tiempo y la revolución diurna; de aquí vino más tarde la palabra "dia", y la creencia de que el mundo ha sido obra de seis veces veinticuatro horas. Tal es, también, la palabra, que significa "camello" y "cable", porque los cables se hacían de pelos de camello, y fué traducida por "camello", en la alegoría de pasar por el agujero de una aguja. (1)

Además, es necesario tomar en cuenta las costumbres y el carácter de los pueblos, que tanto influyen en el genio particular de sus idiomas; sin este conocimiento, el sentido verdadero sobre ciertas palabras pasa desapercibido; de un idioma al otro, la misma palabra tiene más o menos energía; puede ser una injuria o una blasfemia en uno, e insignificante en el otro, según la idea que le acompaña; en un mismo idioma ciertas palabras pierden su valor después de algunos siglos; por esto una traducción rigurosamente literal no siempre expresa perfectamente el pensamiento, y, para ser exacto, es menester algunas veces emplear, no las palabras correspondientes, sino sus equivalentes o perífrasis.

Estas observaciones encuentran una aplicación especial en la interpretación de las Santas Escrituras; y en particular de los Evangelios. Si no se toma en cuenta el centro en que vivía Jesús, se expone uno a engañarse sobre el valor de ciertas expresiones y de ciertas hechos, a consecuencia de comparar los otros a sí mismos. Bajo este supuesto es menester separar de la palabra "aborrecer" la acepción moderna como contraria al espíritu de la enseñanza de Jesús. 

- Allan Kardec.

(1) "Non odit", en latín, "kai o misei" en griego, no quiere decir "aborrecer" sí no "amar menos". Lo que expresa el verbo griego "misein", el verbo hebreo, del cual debió servirse Jesús, lo dice mejor aun; no sólo no significa "aborrecer" sino "amar menos o no amar tanto como al igual de otro". En el dialecto siriaco, del cual se dice que Jesús hacía uso a menudo, esta significación es aún más clara. En este sentido se dice en el Génesis (cap. XXIX, v. 30 y 31) "Y Jacob amó también a Rachel más que a Lia, y Jehová, viendo que Lia era "aborrecida..." Es evidente que el verdadero sentido es "menos amada", y así es como debe traducirse. En muchos otros pasajes hebreos, y sobre todo siriacos, el mismo verbo se emplea en el sentido de "no amar tanto como a otro", y sería un contrasentido traductrín por "aborrecer", que tiene otra acepción bien determinada. El texto de San Mateo, borra además, esta dificultad. (Nota de M. Pezzani).


Extraído del Capítulo XXIII - Moral extraña - de "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec.